Sirios en el extranjero se organizan para enviar ayuda humanitaria

Bab al-Hawa (Siria).

El 10 de septiembre de 2011 se reunían en Viena (Austria) sirios residentes en varios países de Europa. Medio año de protestas, enfrentamientos y represión en su lugar de origen les empujaron a encontrarse para analizar la situación de la sociedad civil. De aquel congreso fundacional nacería la Unión de Sirios en el Extranjero (USE), presente hoy en 22 estados. Les acompañamos en uno de sus viajes a Siria para observar de cerca los proyectos que están llevando a cabo.

“Nuestro primer objetivo es canalizar ayuda humanitaria a Siria, coordinar a los distintos países y afianzar lazos”, narra Ahmad Kabil, representante de Austria y responsable de relaciones institucionales y exteriores de la USE. “Queremos ayudar a la gente aquí”, señala pensativo Kabil tras dar un sorbo a su taza de té. En el quinto congreso de la Unión, celebrado en Madrid en agosto de este año, los presidentes de varias delegaciones acordaron realizar un viaje conjunto para estudiar sobre el terreno las posibilidades de cooperación.

Desplazados sirios charlan sobre sus necesidades con una delegación de la USE. Fotografía: Diego Represa.

Un grupo de hombres recibe expectante al grupo. Les muestran el edificio colonial de dos plantas donde ahora residen varias familias desplazadas. Aunque data de 1932, las grandes piedras se conservan en buen estado. La casa tiene electricidad, pero la manguera roja que conduce el agua desde una tanqueta se acaba, retorciéndose como un remolino, a la puerta de la entrada. Algunas niñas se asoman curiosas a la ventana mientras los adultos debaten sobre la mejor ubicación de las salas del hospital que planean acondicionar allí. Apenas a unos metros se levanta una especie de cobertizo cuyo tejado quedó destruido por un tanque en los combates a principios del verano. Una vez se repare, las familias se mudarán allí.

Nasser Oumer, presidente de la sección española y responsable de asuntos sociales, se muestra satisfecho por la reunión. “Para nosotros es muy importante que haya un hospital en la zona. Así los heridos no tendrán que desplazarse hasta Turquía, como vimos la otra noche”. Oumer se refiere a los ataques que tuvieron lugar el pasado viernes, 21 de septiembre. Desde las nueve de la tarde y hasta la dos de la madrugada, se lanzaron al menos ocho proyectiles a unos 30 kilómetros de la frontera con la provincia turca de Antioquía. Veinte minutos después del primer estruendo una furgoneta trasladaba a un herido grave en las dos piernas hasta el puesto fronterizo. Del otro lado, una ambulancia de la Media Luna Roja esperaba para conducir al hombre hasta un hospital turco. Sus acompañantes aseguraban que las explosiones habían dejado diez muertos.

Emergencia humanitaria

“La gente puede esperar para comer, no para vivir”, declara con aire resignado Ahmad Kabil. Asiente con la cabeza el más taciturno del grupo, Ahmad Kasadji, de la delegación de Eslovenia, quien también ha querido sumarse a la expedición. “Hasta hoy, entre dinero en efectivo y materiales o equipos, hemos enviado más de 800.000 euros a terreno”. Entre ellos, se incluyen cinco ambulancias donadas en Alemania y otros puntos de Europa. Nidal Khalouf, encargado de asuntos humanitarios, se ocupó de certificar su recepción. Este sirio residente en Rumanía dejó su trabajo y lleva los tres meses de verano forjando contactos en ambos lados de la frontera para introducir la ayuda que recibe la USE. Su estancia en la zona le ha permitido organizar la logística de todos los envíos hasta el momento, aunque pretende regresar a su país por unos días.

“Con la evolución del trabajo, hemos abierto una sección política que nos permite seguir los acontecimientos de Siria. Pero, sin duda, lo más importante es hacer llegar la ayuda humanitaria”, sostienen desde la organización. “Se han creado redes de coordinación muy interesantes. De hecho, ya hay un almacén en Bab al-Hawa; se está acondicionando un hospital en otro punto de la frontera y hemos abierto una oficina en Reyhanli”, sentencia Kabil recordando algunos de los lugares visitados durante la jornada de trabajo.

Implicaciones políticas

“La revolución ha roto el obstáculo del miedo. Teniendo en cuenta que vivimos en Europa y disfrutamos de libertad, la idea principal es ayudar a nuestra gente”. Otro hombre de la delegación de Rumanía apunta que “la inestabilidad en Siria va en contra de Europa. Con la prolongación del conflicto se crean extremismos. Necesitamos trasladar a la opinión pública el sufrimiento de la población”.

Se lamentan de la falta de colaboración entre algunas asociaciones de sirios que viven en el extranjero, pero consideran positivo que cada una aporte su grano de arena. A lo largo de esta semana han ido regresando a sus hogares para explicar los acuerdos alcanzados, presionar a sus gobiernos y recaudar fondos que les permitan cumplir con los compromisos. Quizá la solución política tarde en llegar, pero los sirios se organizan para atender sus necesidades a corto plazo.

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Publicado en Hemisferio Zero.

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Azaz, la vida a pesar de todo

En los primeros minutos del 28 de septiembre de 2012, publicaba el texto que sigue en la web de Hemisferio Zero. Apenas un tiempo después, a las 6:30 de la mañana (hora local siria) una casa de Azaz era bombardeada por la aviación del régimen. Han muerto 11 personas en el ataque, seis de ellas niños.

AZAZ, Siria.

Cuatro banderas enormes reciben a quienes llegan a Azaz por la polvorienta carretera que conduce a esta localidad siria desde el puesto fronterizo. Dos de ellas contienen la luna y estrella blancas sobre fondo rojo que representan a Turquía; las otras dos lucen franjas horizontales verde, blanca y negra. Tres estrellas rojas en el centro la completan. Señal de que hemos entrado en la Siria controlada por los rebeldes.

Motos y coches circulan en una plaza presidida por el enorme cartelón que cuelga de lo que resta en pie de una mezquita. Mahmoud, un médico de la zona, confirma que se trata de una lista de hombres que murieron durante los combates. Un par de blindados abandonados dan fe de los enfrentamientos. Paseando por la ciudad, se descubren al menos una decena más y algún que otro tanque desvencijado.

Las ruinas de un blindado y la mezquita de Azaz. Fotografía: Diego Represa.

Este verano los habitantes sufrieron violentos ataques por parte de la aviación gubernamental. Más de la mitad de la población huyó y muchos jóvenes se unieron a las katibas (falanges) del autodenominado Ejército Libre Sirio (ELS), quien recibió por esas fechas atención mediática tras la captura de varios rehenes libaneses. Hoy sigue siendo ciudad de paso hacia Alepo, unos 40 km. hacia el sur, pero también de desplazados y refugiados que buscan desde hace 18 meses amparo en dirección contraria, en la vecina Turquía. Decenas de ellos se amontonan en los alrededores, arrimados a paredes que aún permanecen erguidas. Según datos oficiales, hay registrados en el país mediterráneo más de 84.000 refugiados sirios. En total, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) cifra en más de 214.000 las personas registradas o en espera de serlo próximamente en Jordania, Líbano, Irak y Turquía.

Jamal, de 53 años, se acerca con su móvil para enseñarnos imágenes de una batalla que se libró en la calle donde nos encontramos. Asegura que datan de los primeros días de Ramadán –a mediados del pasado julio- mientras señala los lugares que aparecen en su teléfono. “Aquí nos enfrentamos a los soldados del régimen; en esa esquina les dejamos sin el carro [de combate]. Mira, en aquella acera se ven los impactos de los proyectiles”, cuenta atropelladamente.

Giramos a la derecha en nuestro recorrido y nos topamos con un cruce rebautizado como “Plaza de los mártires”. Varios jóvenes pintan sobre una pared el trazo verde de la bandera con la que ahora se sienten identificados. Sobre un muro se aprecian grandes fotografías de los vehículos tomados al ejército oficial durante la contienda. Es innegable que la iconografía del ESL acecha por los rincones. Unos pasos más adelante, los viandantes deben sortear un boquete causado por las bombas.

Algunas peluquerías o ferreterías permanecen abiertas, en claro contraste con la ristra de construcciones destartaladas. Nos acercamos a una tienda de comestibles atraídos por su escaparate. Al fondo del local se sienta Sharif, de unos 70 años, y nos hace un gesto para que entremos. La oferta de productos es más variada de lo esperado: detergente, garbanzos en bote, caramelos, pipas de fumar, pasta, paquetes de champú… “En realidad no es tanto. Hace unos meses entraron unos soldados uniformados y me robaron: 20 o 25 cajas de productos. Es el negocio de toda una vida”, cuenta con voz pausada. Nos ofrece una chocolatina y levanta la mirada hacia su hijo, que se desenvuelve en el mostrador mientras pone en marcha una cafetera para los clientes que le reclaman.

“Los aviones siguen volando por la noche. Ya no hay tantos bombardeos, pero tratan de atemorizarnos. Lo hacen para dejar clara su presencia; en el fondo nos están diciendo que siguen ahí y pueden atacarnos cuando quieran”, afirma el anciano. La noche anterior se oyeron disparos de obuses a varios kilómetros. Un joven comentaba en un corrillo que había casi doscientos muertos. Otros hablaban de “decenas”. Difícil confirmar la cifra exacta.

Por el enorme ventanal contemplamos a dos niños que sirven varios vasos de yogur en la tienda de enfrente. Otro corre a beber agua de un grifo después de asestar un bocado a un pimiento picante. “A pesar de todo, la gente está llena de energía. Mírales comprando fruta o riéndose en esa barbería”, sugiere un hombre llamado Moussa. El olor a café impregna el ambiente y en la televisión se suceden noticias del canal Al-Arabiya. Anochece y, por un momento, parece que la normalidad se ha instalado en Azaz.

Me ayudan a viajar

Cojo una chincheta y fijo otra nota mental. Hay frases que, aun en contextos diferentes, nos sirven antes de asomarnos a senderos desconocidos. Hoy me quedo con este fragmento que Ander Izagirre escribió para Los sótanos del mundo:

“Quien viaja tiene que intentar hacerse daño. Yo, al menos, tengo que viajar para que los orgullos de mi tierra me duelan como es necesario”.

Hace años encontré, casi al azar, los libros Isla África y El héroe inexistente, del periodista Ramón Lobo. Con ellos descubrí lugares y personas que vivían situaciones extraordinarias; ejemplos de coraje y fuerza, acaso héroes -a pesar del título- escondidos en la historia. Del segundo ejemplar, copié lo que sigue:

“Las dudas brotan cuando no existe espacio alguno para rectificar. Se descubren las virtudes de la aventura cuando ésta se despliega en la imaginación de aquel  que la sueña; y los defectos, cuando no existe posible marcha atrás”.

Desde entonces me ha quedado el vicio de dudar constantemente y, aun así, embarcarme en la aventura que es todo viaje. Los pensamientos de los demás configuran también el mío. No sé muy bien cómo se agradece a quien nos ayuda a vivir de acuerdo a nuestra voluntad.

El Consejo Nacional Sirio visita España

Riad Seif, Abdulbaset Seida y George Sabra. Fotografía: Diego Represa.

Una delegación del Consejo Nacional Sirio (CNS) visitó ayer Madrid con el objetivo de recabar apoyos para su lucha contra el régimen de Bachar al-Assad. El presidente del CNS, Abdulbaset Seida, fue recibido por José Manuel García-Margallo, Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, quien mostró su apoyo al grupo más conocido del extenso entramado de la oposición siria.

La visita forma parte de una gira que ha llevado a la cúpula del CNS a países como Francia o Rusia y que espera visitar Marruecos dentro de tres semanas. “Instamos a la comunidad internacional a que alce la voz para que frene a este régimen”, ha insistido Abdulbaset Seida. Además de este filósofo kurdo, en el encuentro mantenido con la comunidad siria por la tarde en Casa Árabe intervinieron destacados integrantes del Consejo: George Sabra, activo miembro de la oposición desde los años 70 en que militase en el Partido Comunista Sirio; Riad Seif, parlamentario varias veces detenido por su actividad política y uno de los impulsores de la Declaración de Damasco; y Ahmad Ramadan, a quien se considera cercano a los Hermanos Musulmanes. Este último subrayó la “necesidad de crear soluciones prácticas en el terreno”, además de aludir a los “niños que tienen traumas psicológicos que requieren tratamiento” y las gestiones que están realizando para enviar “comida a los desplazados”.

Si bien el CNS proclama su intención de aglutinar a la oposición siria en el extranjero independientemente de la confesión religiosa o las preferencias políticas, diversas voces entre la población señalan la deriva sectaria que podrían estar tomando los enfrentamientos. Por otro lado, el CNS ha recibido críticas de los propios combatientes del Ejército Libre de Siria (FSA, por sus siglas en inglés), por considerar a la agrupación alejada de las necesidades reales de los sirios. Fuentes del CNS aseguran ser “el brazo político de la revolución”.

Al acto acudieron, entre otros, miembros de la Unión de Sirios en el Extranjero, quienes habían mantenido una reunión en Madrid la semana pasada a la que asistieron representantes de la Unión en varios países europeos.

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Publicado en Hemisferio Zero.