Maneras de comer poco

Una señora se sienta entre miles de personas acompañada de su nieto. Ha salido antes de las cinco de la mañana de su casa, en un pueblo a varias horas de camino. Son las 11 y está escuchando un discurso político. Le dijeron que a las 8:30 le entregarían el título de propiedad del terreno donde lleva décadas cultivando el maíz que no alcanza para vender, pero sí para la casa.

En la mano sujeta un papel con un sello que dice “refrigerio”. No quiere canjearlo hasta que no tenga en sus manos la escritura. Se van pasando una botella de agua entre los cuatro miembros de la familia. El nieto entrega a la señora su cupón de “refrigerio”. Es su comida del día. Ya tomará algo luego.

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En una mesa, varios jóvenes que rondan la treintena se disponen a almorzar. Figuras esbeltas, ropa de marca, relojes caros. Maquilladas ellas; con corbata él. Miran de reojo la bandeja de comida del que tienen al lado.

Chica 1: ¿Por qué querés hacer dieta vos, si no te hace falta?

Chica 2: ¿Veá? Estás estupendo.

Chico: Para bajar de peso.

Chica 2: ¿No lo vas a acabar?

Chico: No, igual yo como poco.

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San Salvador en 500 metros.

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