Sobre Enrique Meneses [+vídeo]

Cuando Enrique Meneses comienza a desgranar sus aventuras, una se sorprende de que a sus 83 años este fotoperiodista conserve tal memoria prodigiosa. Conduce el relato desde su infancia en París al conflicto de los Balcanes, pasando por el Barrio Chino de Salamanca, África desde El Cairo a Ciudad del Cabo, Oriente Medio, Nueva York y, cómo no, la cubana Sierra Maestra.

Recuerda detalles que explica sin cesar a quienes le visitan cada día en su apartamento: periodistas y estudiantes ávidos de contagiarse de optimismo y pasión por la vida. “Yo he tenido el cáncer de colon, el cáncer de pulmón y ahora estoy con el tercero: el segundo de pulmón”, explica. Una máquina de oxígeno le ayuda a respirar mejor, pero él transpira vitalidad.

Para Meneses, el periodismo y la aventura son hermanos. “Yo no creo que el periodismo sea una carrera universitaria”, ha asegurado en multitud de aulas y delante de algún que otro ‘doctor’ en la materia. “No se puede hacer nada en la vida sin vocación, sea lo que sea”. Y eso, desde siempre, le ha sobrado. Por eso, ha dedicado más de 60 años al oficio de contar historias a través de su cámara. “La fotografía no necesita traducción”, repite a menudo.

Activo en las redes sociales, en su blog colgó el decálogo del aventurero, una lección de saber estar en el mundo. Jóvenes y no tan jóvenes, es hora de aprender del periodismo, la vida y Enrique Meneses… en sus propias palabras.

Vídeo: Celia Hernández.

Líbano, tablero de Oriente Medio (II)

El pasado viernes la explosión de un coche bomba en Ashrafiyeh, un barrio de mayoría cristiana en Beirut (Líbano), dejaba al menos tres muertos y decenas de heridos. Entre los fallecidos se encontraba el general Wissam Al Hassan, una importante figura del espionaje libanés de marcado carácter anti-sirio y encargado de investigar la muerte de Rafiq Hariri, primer ministro libanés asesinado en 2005. Recientemente había participado en la operación por la que se detuvo a Michel Samaha, un antiguo ministro de Información libanés que admitió estar planeando futuros atentados en el llamado ‘país del Cedro’ a instancias del gobierno sirio.

Cientos de manifestantes que acudieron al funeral celebrado ayer se concentraron frente a las oficinas del primer ministro, Nayib Mikati, quien pidió un gobierno de unidad nacional tras un amago de dimisión rechazado por el presidente, Michel Souleiman. Las fuerzas de seguridad dispersaron a los asistentes, en su mayoría simpatizantes de la opositora Coalición 14 de marzo, que aglutina al principal bloque suní.

Durante el fin de semana se han producido cortes de carretera y quema de neumáticos, algo que ya ha ocurrido en los últimos meses, especialmente en la ciudad de Trípoli. Desde que comenzara el conflicto sirio, esta localidad ha registrado violentos enfrentamientos mayoritariamente entre alauíes seguidores de Bachar al-Assad y suníes partidarios de la oposición en la vecina Siria.

La sombra de Siria es alargada

Este contagio de la problemática siria a suelo libanés viene de lejos, aunque ahora haya tomado diferente cariz. Después de los Acuerdos de Taif que oficializaron el término de la guerra civil en 1989, Siria extendió su presencia por todo el territorio libanés con el beneplácito de Estados Unidos. Según diversos autores, los norteamericanos buscaban apoyos para expulsar a Irak de Kuwait en la Guerra del Golfo, además de verlo como una posible solución a la guerra civil libanesa. Dicho apoyo duró de 1990 a 2003.

Rafiq Hariri, quien había hecho fortuna en Arabia Saudí, resultó elegido como primer ministro en 2000 tras aliarse con sectores drusos, chiíes, cristianos y suníes[1], además de Siria, estado con el que luego se enemistaría. En 2003 Siria se opuso a la intervención estadounidense en Irak y en mayo del año siguiente el Congreso de Estados Unidos promovió la Syria Accountability and Lebanese Sovereignty Restoration Act, donde se le imponía una serie de sanciones.

Ese mismo verano el Consejo de  Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1559, por la que pedía la retirada inmediata de las tropas sirias en Líbano, la no interferencia en las elecciones presidenciales del país y el desarme de todas las milicias. Actualmente se acusa a Hezbolá –ahora en la coalición de gobierno- de no haber abandonado las armas.

Rafiq Hariri murió en una explosión junto a otras 22 personas el 14 de febrero de 2005. Había actuado como jefe de gobierno desde 1992 a 1998 y en un período posterior (2000-2004), antes de dimitir en un acto de protesta por la extensión de la presidencia del pro-sirio Émile Lahoud. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ordenó la creación de una comisión para investigar su asesinato y, posteriormente, decidió que había de establecerse un Tribunal Especial para el Líbano. Durante el verano de 2011 se apuntaron los nombres de cuatro sospechosos de haber cometido el asesinato de Hariri, todos ellos miembros de Hezbolá, algo que avivó nuevamente las tensiones sectarias. El recientemente fallecido Wissam Al-Hassan jugó un papel activo en dicha investigación.

La nueva ‘guerra árabo-israelí’

En cumplimiento con la Resolución 1.559, Siria había retirado sus tropas de Líbano en abril de 2005. No acaban ahí los problemas de Líbano, pues un año más tarde Israel lanza la operación “Recompensa justa”, después de que Hezbolá hubiese capturado a dos soldados israelíes. El gobierno liderado por Ehud Ólmert inició una ofensiva militar de 33 días, pero fue el grupo chií quien salió fortalecido del enfrentamiento. No obstante, también sufrieron varios reveses y Hezbolá perdió el dominio sobre ciertos territorios del sur que pasaron a estar controlados bien por la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL), bien por el Ejército Libanés.

Se estima que Hezbolá causó “43 víctimas mortales” con el lanzamiento de unos 4.000 cohetes Katiusha, mientras que Israel habría matado alrededor de 1.500 civiles libaneses debido a los bombardeos durante dicho conflicto. Se causaron destrozos materiales especialmente en las zonas chiíes. En el documental My First War (`Mi primera guerra`), soldados israelíes dan fe de la existencia de “órdenes contradictorias” y un “sentimiento de desorganización”.

Naciones Unidas pidió “el cese de hostilidades” y que el gobierno libanés ejerciese su autoridad en todo el territorio. “A finales de año, los ministros chiíes de la coalición gubernamental habían dimitido, paralizando así el parlamento y el gobierno. Este impasse se vio confirmado en noviembre de 2007, cuando finalizó el mandato del presidente Lahoud sin que la mayoría en el gobierno hubiese designado a un presidente de su elección, y con el parlamento incapaz de señalar un candidato aceptable tanto para las fuerzas pro-sirias como para las anti-sirias”[2].

La situación empeoró en 2007 con la batalla en el campo de refugiados de Nahr el-Bared, al norte de Líbano, entre el grupo islamista Fatah-al-Islam y el ejército libanés. Para el periodista Ilya U. Topper, el enfrentamiento puso en evidencia que “Washington había apostado demasiado fuerte por aupar al poder al bando suní-cristiano, con los medios que fuera”, algo que habría supuesto un desequilibrio de fuerzas. Entre 2007 y 2008 las Fuerzas Armadas libanesas sufrirían varios atentados; el gobierno trató de destruir la red de comunicaciones internas de Hezbolá. Una vez más, el juego político-religioso se escondía detrás de los acontecimientos.

El Acuerdo de Doha

Tras varios meses de negociaciones, el 21 de mayo de 2008 se alcanzó el Acuerdo de Doha, mediante el cual los principales políticos de Líbano pretendían conformar un gobierno de “unidad nacional” que terminase con la “parálisis política” y los asesinatos de al menos setenta personas. Desde entonces los atentados políticos con coche bomba en la capital beirutí parecían haber quedado atrás. Por eso, además, muchos oyen ecos de aquel pacto cuando el actual primer ministro apeló el pasado fin de semana a la “unidad nacional”.

La Coalición del 14 de Marzo, liderada por Saad Hariri, triunfó de forma inesperada en las elecciones legislativas de 2009. Las divisiones de los partidos políticos libaneses dificultaron la composición del gabinete, que finalmente se desquebrajó el 12 de enero de 2011, con la renuncia de diez ministros. Hezbolá había logrado paralizar el gobierno de Hariri. Walid Jumblatt, líder druso del Partido Socialista Progresista, decidió abandonar la Alianza 14 de marzo y finalmente facilitó ese junio la llegada del suní Nayib Mikati al gobierno. El partido chií Hezbolá accedió al poder en esas fechas, con el jeque Hassan Nasrallah a la cabeza, mientras que Hariri procedió a retirarse entre París y Arabia Saudí.

Las tensiones sectarias no dejan de crecer en un país donde los actores extranjeros siempre han desempeñado un papel fundamental. Está por ver si la posible caída de Bachar Al-Assad propiciaría un alzamiento suní definitivo, pero parece claro que cualquier cambio en el país gobernado por la familia alauí tendrá consecuencias directas en Líbano.

Publicado en Hemisferio Zero.


[1] ALCOVERRO, Tomás: El decano. De Beirut a Bagdad: 30 años de crónicas, Planeta, Barcelona, 2006, pp. 242-244.

[2] OTTAWAY, Marina, et al.: The New Middle East, Carnegie Endowment for International Peace, [en línea], 2008, p. 14. Disponible en: http://www.carnegieendowment.org/files/new_middle_east_final.pdf

“Éramos felices”

Abu Zakur tiene alrededor de 40 años, es cocinero y ha trabajado en restaurantes de medio mundo. Nació en la provincia de Alepo, Siria, y se ha casado con cuatro mujeres, kurda la primera de ellas. Hay dos actividades que le encantan: comer –de lo que da fe su inmensa barriga- y bailar –de lo que da fe al mover su inmensa barriga-. Es padre de tres niñas, todas de su actual esposa.

Cuando amasó suficiente fortuna en el extranjero, decidió construir una villa en las afueras de Alepo. Como también le gusta nadar, aderezó la casa con una piscina en la que zambullirse junto a su primo. A más inmersiones, menos agua en el estanque. “Éramos felices”, solía repetir. Lo era antes de que una bomba lanzada por un avión del ejército sirio destruyese su casa, su piscina y su ilusión de ver jugar a las niñas en un hogar para el que había ahorrado toda su vida.

Abu Zakur nunca pensó que viajar resultaría una obligación. Al menos, no hasta el día en que empacó las maletas para escapar 60 kilómetros al norte. En la ciudad turca de Kilis entabló amistad con otros refugiados sirios. Encontró trabajo como guisandero, “que era lo que sabía hacer”. Y comer, bailar, y nadar. Y más cosas, pero a él le encantaban esas. Meneaba su obesidad por el restaurante y vestía el desparpajo con sonrisas.

Miraba a los clientes que devoraban la comida –y solían hacerlo más por lo sabrosa que por el hambre-. “Ya verás, te vas a poner como yo”, les decía. Y luego se cogía las lorzas a dos manos y las movía de un lado a otro. La sala estallaba en una carcajada y él bailaba. A veces se olvidaba de que era refugiado, o se lo hacía olvidar a los demás, pero otras no y repetía eso de “éramos felices”.

Cuando su pequeña Fátima aparecía entre las mesas, repartía besos a los comensales. Se colaba por la puerta trasera, pues la familia vivía en un cuarto pegado a la cocina. Abu Zakur la hacía volar por los aires y la aterrizaba en los brazos de alguien dispuesto a recogerla. “Si no fuera por estos momentos”, suspiraba. Cuando se echa el cierre, queda el estrés, las depresiones y los traumas. Y la violencia, la desconfianza y el miedo. Aunque te hayas ido lejos del horror en tu país, o precisamente por eso.

Hay quien no soporta haberse marchado. Algunas personas creen haber traicionado a su gente por buscar seguridad afuera. Otras no aguantan la incertidumbre y no a pocas les gana el sentimiento de culpa, el vacío existencial o la pura pena. Y la rabia, a borbotones. La mezcla de todas, aunque no sepamos en qué medida, les empuja a tomar una decisión.

Abu Zakur y su familia emprendieron el camino de vuelta a Alepo. Hace una semana que sus amigos de Kilis tratan de localizarlo, pero el móvil se encuentra ahora apagado. Esperan que sea un problema de cobertura y se hallen todos bien. Inshallah.

Sirios en el extranjero se organizan para enviar ayuda humanitaria

Bab al-Hawa (Siria).

El 10 de septiembre de 2011 se reunían en Viena (Austria) sirios residentes en varios países de Europa. Medio año de protestas, enfrentamientos y represión en su lugar de origen les empujaron a encontrarse para analizar la situación de la sociedad civil. De aquel congreso fundacional nacería la Unión de Sirios en el Extranjero (USE), presente hoy en 22 estados. Les acompañamos en uno de sus viajes a Siria para observar de cerca los proyectos que están llevando a cabo.

“Nuestro primer objetivo es canalizar ayuda humanitaria a Siria, coordinar a los distintos países y afianzar lazos”, narra Ahmad Kabil, representante de Austria y responsable de relaciones institucionales y exteriores de la USE. “Queremos ayudar a la gente aquí”, señala pensativo Kabil tras dar un sorbo a su taza de té. En el quinto congreso de la Unión, celebrado en Madrid en agosto de este año, los presidentes de varias delegaciones acordaron realizar un viaje conjunto para estudiar sobre el terreno las posibilidades de cooperación.

Desplazados sirios charlan sobre sus necesidades con una delegación de la USE. Fotografía: Diego Represa.

Un grupo de hombres recibe expectante al grupo. Les muestran el edificio colonial de dos plantas donde ahora residen varias familias desplazadas. Aunque data de 1932, las grandes piedras se conservan en buen estado. La casa tiene electricidad, pero la manguera roja que conduce el agua desde una tanqueta se acaba, retorciéndose como un remolino, a la puerta de la entrada. Algunas niñas se asoman curiosas a la ventana mientras los adultos debaten sobre la mejor ubicación de las salas del hospital que planean acondicionar allí. Apenas a unos metros se levanta una especie de cobertizo cuyo tejado quedó destruido por un tanque en los combates a principios del verano. Una vez se repare, las familias se mudarán allí.

Nasser Oumer, presidente de la sección española y responsable de asuntos sociales, se muestra satisfecho por la reunión. “Para nosotros es muy importante que haya un hospital en la zona. Así los heridos no tendrán que desplazarse hasta Turquía, como vimos la otra noche”. Oumer se refiere a los ataques que tuvieron lugar el pasado viernes, 21 de septiembre. Desde las nueve de la tarde y hasta la dos de la madrugada, se lanzaron al menos ocho proyectiles a unos 30 kilómetros de la frontera con la provincia turca de Antioquía. Veinte minutos después del primer estruendo una furgoneta trasladaba a un herido grave en las dos piernas hasta el puesto fronterizo. Del otro lado, una ambulancia de la Media Luna Roja esperaba para conducir al hombre hasta un hospital turco. Sus acompañantes aseguraban que las explosiones habían dejado diez muertos.

Emergencia humanitaria

“La gente puede esperar para comer, no para vivir”, declara con aire resignado Ahmad Kabil. Asiente con la cabeza el más taciturno del grupo, Ahmad Kasadji, de la delegación de Eslovenia, quien también ha querido sumarse a la expedición. “Hasta hoy, entre dinero en efectivo y materiales o equipos, hemos enviado más de 800.000 euros a terreno”. Entre ellos, se incluyen cinco ambulancias donadas en Alemania y otros puntos de Europa. Nidal Khalouf, encargado de asuntos humanitarios, se ocupó de certificar su recepción. Este sirio residente en Rumanía dejó su trabajo y lleva los tres meses de verano forjando contactos en ambos lados de la frontera para introducir la ayuda que recibe la USE. Su estancia en la zona le ha permitido organizar la logística de todos los envíos hasta el momento, aunque pretende regresar a su país por unos días.

“Con la evolución del trabajo, hemos abierto una sección política que nos permite seguir los acontecimientos de Siria. Pero, sin duda, lo más importante es hacer llegar la ayuda humanitaria”, sostienen desde la organización. “Se han creado redes de coordinación muy interesantes. De hecho, ya hay un almacén en Bab al-Hawa; se está acondicionando un hospital en otro punto de la frontera y hemos abierto una oficina en Reyhanli”, sentencia Kabil recordando algunos de los lugares visitados durante la jornada de trabajo.

Implicaciones políticas

“La revolución ha roto el obstáculo del miedo. Teniendo en cuenta que vivimos en Europa y disfrutamos de libertad, la idea principal es ayudar a nuestra gente”. Otro hombre de la delegación de Rumanía apunta que “la inestabilidad en Siria va en contra de Europa. Con la prolongación del conflicto se crean extremismos. Necesitamos trasladar a la opinión pública el sufrimiento de la población”.

Se lamentan de la falta de colaboración entre algunas asociaciones de sirios que viven en el extranjero, pero consideran positivo que cada una aporte su grano de arena. A lo largo de esta semana han ido regresando a sus hogares para explicar los acuerdos alcanzados, presionar a sus gobiernos y recaudar fondos que les permitan cumplir con los compromisos. Quizá la solución política tarde en llegar, pero los sirios se organizan para atender sus necesidades a corto plazo.

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Publicado en Hemisferio Zero.

Hemisferio Zero o el trabajo en equipo

En los últimos meses, siempre que alguien pregunta por mis planes aparece Hemisferio Zero, una web de información internacional centrada en los llamados ‘países del Sur’ (difuso concepto que merecerá –por qué no- una discusión en el blog). En ocasiones, me sorprendo pensando que esa página me ha abierto los ojos a vocaciones latentes, pero en realidad, no ha sido así. Precisamente la vocación periodística insatisfecha me ha empujado, junto a la voluntad de un buen puñado de personas, a alumbrar este proyecto. Más de una vez he comentado que Hemisferio Zero nació “casi como un desahogo”. Y sí, nos hemos desahogado y vamos a continuar. Hablo en plural, porque tal ha sido la esencia de Hemisferio Zero todo este tiempo. Confío en el esfuerzo individual, pero me apetece arroparme  con el trabajo en equipo. Sola no hubiera aprendido tanto.

Para estrenar la pestaña en el blog, enlazo a continuación algunos de los artículos que, por distintos motivos, más satisfacciones me aportaron. Ahora puedo confesar que no me quedé tranquila hasta quitar la “a” que sobraba en el titular de “La chispa de la vida se paga en Colombia”. Hay que agradecer a Alberto Sáez, caótico editor, la paciencia en la entrevista que realizamos a Alberto Arce sobre su trabajo en Libia. En un mundo de desplazamientos largos y cortos, temporales y definitivos, elegidos y obligados, recuerdo las preguntas sobre las migraciones desde África, las denuncias contra los controles racistas en nuestras ciudades, la esclavitud del siglo XXI en que se ha convertido la trata de personas y la contundencia de Helena Maleno al denunciarlo.

Senegal ocupa desde 2009 un pedazo de mi vida y de la actualidad mundial que elijo atender. Por eso he hablado de las manifestaciones, sus elecciones presidenciales y las relaciones que nos unen al país del baobab. Conversar con Chema Caballero sobre los niños soldados y la guerra de Sierra Leona es una de las mejores experiencias vividas gracias a esta excusa del periodismo. También escuchar  al maestro Gervasio Sánchez contar Bosnia y aprender de sus imágenes. Hay a quienes apartaron del camino, pero cuyos familiares son ejemplo de lucha contra la impunidad y el olvido.

Esta selección sólo es un pedacito de la tarea que implica Hemisferio Zero y se ampliará a medida que publique nuevos artículos en la web. Trabajaremos para que siga mereciendo la pena.